DIAMANTE



Puro como el diamante>>, <<duro como el diamante>>... hay muchas expresiones que nos recuerdan las características de las gemas más célebre y valiosa.

Su rareza hace que tenga un precio elevado, y sus aplicaciones son numerosas,

no sólo en joyería.

El nombre de este mineral deriva del griego adamas, <<indomable>>, debido a la enorme dureza del diamante. Esto no significa en absoluto que el diamante sea irrompible; un golpe bien asestado puede quebrarlo.

En torno al diamante han surgido numerosas leyendas; el escrito latino Plinio

sostenía que el diamante podía romperse sólo si se mojaba con la sangre de una cabra degollada; en la antigua Roma, se montaba en anillos de hierro que llevaban los guerreros como garantía de coraje y victoria. Esta creencia estaba extendida también en la India, donde la piedra se ataba al brazo izquierdo del combatiente, y entre todos los pueblos que han conocido el diamante. Según la tradición popular,

el diamante era una piedra portadora de fortuna y protectora, que aumentaba el efecto y lo hacía duradero, tanto que se solía regalar como compromiso de amor eterno; quizá por eso, sigue siendo uno de los regalos de compromiso preferidos.

En la Edad Media se atribuyeron al diamante grandes virtudes beneficiosas;

se pensaba que alejaba los maleficios y salvaguardaba de la peste y los venenos.

En curiosa contradicción con esta ultima propiedad, al polvo de diamante se le atribuyó un carácter venenoso hasta el sigo XV, tanto en Europa como en la India.

Esta convicción fue refutada en 1400 por el naturalista italiano Biringuccio, que demostró que el polvo de diamante provocaba la muerte no porque fuera venenoso, sino por las ulceraciones que producía en el estomago debido a su dureza y a no ser atacado por los ácidos, incluidos los gástricos. El mejor sistema para matar a alguien con diamante era, obviamente, añadir el polvo a la comida, aunque el método debía de resultar bastante caro, así se cree que fue asesinado el naturalista suizo Paraceiso,

y del mismo modo murió Benvenuto Cellini durante su cautiverio en Roma,

en Castel Sant´Angelo.

 

- ASPECTO GENERAL DEL DIAMANTE -

El diamante cristaliza en el sistema cúbico, clase de máxima simetría, en cristales generalmente octaédricos o hexaquisoctaedros (48 caras triangulares equiláteras),

a menudo con superficies curvas, redondeados, incoloros o amarillentos, pardos, rosas, grises, verdes e incluso negros.

Los diamantes de color oscuro no son muy conocidos, y su valor como gema es menor debido a su aspecto poco atractivo; se presentan normalmente en pequeñas masas microcristalinas negruzcas, que reciben el nombre de carbonado, o en masas microcristalinas con estructura esferoidal, en cuyo caso se denominan bort.

 

 

- PROPIEDADES FISICOQUÍMICAS DEL DIAMANTE -

El diamante es carbono muy puro y, como tal, puede quemarse al aire, transformándose en dióxido de carbono, tiene la misma composición química que el más modesto grafito (perteneciente también a la clase de los elementos nativos),

que, al contrario que su gemelo noble, es negro y muy blando.

El diamante es el mineral más duro, ocupando el primer término de las escala de Mohs, lo que significa que no puede ser rayado por ningún otro mineral, pero es muy frágil, entre otras cosas, porque presenta una perfecta exfoliación octaédrica;

estas dos características han determinado que el diamante no pudiera ser tallado durante muchos siglos.

Es un mineral pesado, con un peso especifico de 3,5; sólo las variedades puras son incoloras y transparentes. El brillo es elevadísimo, y recibe precisamente del diamante el nombre de adamantino. Es soluble en los ácidos e infusible, pero se quema al aire, se calienta a alta temperatura repentinamente, produciendo dióxido de carbono. 

Puede ser fluorescente a los rayos ultravioleta dando coloraciones azul, rosa, amarilla y verde.

 

- FORMACIÓN Y ASOCIACIONES DEL DIAMANTE -

Los yacimientos primarios de diamantes (es decir, que se han formado al mismo tiempo que la roca que los contiene) tienen un origen magmático intrusivo y se han formado a varios kilómetros de profundidad en el interior de la Tierra, en la zona del manto. Desde allí el mineral es arrastrado a la superficie a través de chimeneas volcánicas explosivas, encerradas en una roca muy rica en olivino, llamada kimberlita (del nombre de la localidad sudafricana de Kimberley, donde se han descubierto y explotado yacimientos diamantíferos muy ricos). Por la acción de los agentes atmosféricos la roca se erosiona, se altera y se agrieta, mientras que los diamantes, debido a sus características físicas, permanecen inalterados. Así, pueden reunirse

y concentrarse en depósitos aluviales detríticos sedimentarios (yacimientos secundarios), que reciben el nombre de placeres y se presentan como una autentica arena diamantífera.

En los yacimientos primarios los diamantes están asociados con minerales que forman las rocas ultrabásicas (pobres en sílice y muy ricas en hierro y magnesio); olivino, piroxenos y anfiboles (todos ellos silicatos de hierro y magnesio, con estructuras diversas, nesosilicatos, inosilicatos de cadena sencilla e inosilicatos de cadena doble).

 


- DÓNDE BUSCAR Y CÓMO RECONOCER LOS DIAMANTES -

El diamante es un mineral raro y de gran valor; por sus características fisicoquímicas, no es difícil de reconocer. Pero este hecho no ayuda al coleccionista, que si desea tener un diamante en su colección lo único que puede hacer es comprarlo;

de hecho la recogida de diamantes está controlada por una famoso empresa holandesa, que desde 1800, ostenta el monopolio de la venta de diamantes y del a atribución de su valor comercial. En todo el mundo, sólo pueden entrar a las minas de diamantes las personas que trabajan en ellas, las cuales, por otro lado, están vigiladas rigurosamente para que ningún diamante pueda salir a escondidas de la zona de la mina. Así pues, es evidente que ningún buscador de minerales podrá ir nunca en busca de diamantes.

Los yacimientos más antiguos que se conocen son los de la India peninsular,

ya agotados. En 1725, fueron descubiertos los de Brasil, y en 1867, los de Kimberley (Sudáfrica). Hacia 1950 se descubrieron yacimientos diamantíferos en Siberia,

y en los años 70, también en Australia.

En la actualidad comercialmente se siguen moviendo pequeños diamantes de múltiples yacimientos en la India, en África; como por ejemplo los del Congo

(famosos por ser algunos cúbicos), Rusia; como los del Cráter Popigai

(raros, verdosos y exclusivos) o Siberia entre otras minas.

Estos diamantes comerciales suelen rondar entre 0,5 mm y 1 cm siendo los más ideales para colección ya que piezas superiores supondría una enorme inversión económica y muy difíciles de conseguir en buenas calidades.

 

- APLICACIONES Y VALOR DE LOS DIAMANTES - 

Sólo los diamantes incoloros o de matices atractivos constituyen las muy conocidas piedras preciosas que se utilizan en joyería, montadas en metales preciosos y con otras gemas. Las variedades negruzcas y microcristalinas, en cambio, tienen una enorme importancia industrial, pues se utilizan como abrasivo de alta calidad para herramientas de talla o para perforar materiales muy duros; sierras de diamante, taladros con punta diamantada e instrumentos sofisticados para realizar estudios del subsuelo. La punta de diamante puede cortar materiales con una dureza muy elevada, gracias a la conocida propiedad de este mineral nativo.

Al igual que el diamante usado como gema, el bort y el carbonado usados en la industria tienen también precios muy elevados. Una mención aparte merecen los diamantes sintéticos; su síntesis es muy difícil y costosa, y no se obtienen gemas de valor (suelen ser cristales muy pequeños); sin embargo, algunos diamantes sintéticos tienen gran importancia industrial en el sector de los abrasivos,

como sustitutos de sus "gemelos" naturales.

 


- TALLA DE LOS DIAMANTES -

El valor del diamante reside en la total ausencia de impurezas y de color.

Una vez seleccionados cuidadosamente, los diamantes se cortan usando sierras de diamante (por tanto, también diamante, el único material capaz de cortarlo)

y se tallan a lo largo de las direcciones en las que la dureza es menor.

Una talla bien realizada realza el foco, es decir, el conjunto de destellos de colores debidos a la dispersión de la luz blanca en el interior de la gema. Si la talla no es perfecta, la piedra debe ser retocada para conseguir el efecto deseado, con la consiguiente perdida de peso y de valor. La más conocida y clásica es la talla en brillante, una talla redonda con 58 facetas, cuyo nombre indica impropiamente el diamante mismo; son menos comunes las tallas en rosa, rectangular

(utilizada sólo en gemas muy puras), oval, triangular, en estrella, en cruz de Malta,

en gota, en tabla y en marquise. Los mejores tallistas de diamantes se encuentra actualmente en Amsterdam, Holanda. Como para todas las gemas, la unidad de medida utilizada para el diamante es el quilate, que equivale a 200 mg y se

representa con el símbolo <<ct>> un quilate se divide en cuatro "granos". 

 

- IMITACIONES Y DIAMANTES ARTIFICIALES - 

Existe la posibilidad de realizar diamantes sintéticos, pero el resultado del proceso (que consiste en someter a elevadas presiones el grafito) son diamantes de dimensiones demasiado reducidas para poder ser comercializados como gemas.

Por tanto, el riesgo de comprar un diamante artificial es casi nulo. 

Es mucho más probable encontrar imitaciones, es decir, gemas de aspecto similar al del diamante, pero con una composición distinta; de hecho, nunca se trata de carbono puro. Son buenas imitaciones de los diamantes las llamadas circonitas, constituidas por dióxido de circonio; sus características ópticas y su brillo son bastante parecidos a los del diamante, pero su peso específico es más del doble. 

Otras imitaciones son la titanita, también llamada "rutilo sintético", y la fabulita (titanato de estroncio); además de la diferencia de peso especifico, la menor dureza es un rasgo suficiente par distinguir estas imitaciones.

 


- UNA BREVE HISTORIA SOBRE EL DIAMANTE - 

Esta piedra, que constituye actualmente el 90% del comercio mundial de piedras preciosas, no podía ser tallado antiguamente a causa de su dureza. Sin embargo,

era muy conocida en Oriente ya hacia el año 3000 a.C, mientras que en Occidente

sólo fue conocida tras las expediciones de Alejandro Magno. Como atestigua también el escrito latino Plinio el Viejo en su Historia natural, el diamante se usaba en la antigüedad para incidir piedras muy duras, como el corindón. Por la misma razón 

era conocido en Oriente; se puede pensar con cierta certeza en el fabuloso cuchillo,

el K´un wu, que según la tradición china había cortado el jade como si fuera arcilla blanda, estaba constituido por una lasca de diamante.

Por sus características fisicoquímicas, el diamante se usaba antiguamente siempre 

en bruto y, en cualquier caso, en raras ocasiones; la talla en facetas no empezó a practicarse hasta el sigo XIV. En el Museo Británico de Londres se conserva un sello de diamante que data de la época romana, y se conoce un anillo romano del

siglo II d.C, con un diamante de color amarillento. Las escasas aplicaciones del diamante en la antigüedad no sólo se debían a la imposibilidad de tallarlo, sino también a la rareza de la piedra en bruto; de hecho, las minas de Sudáfrica se desconocían entonces. No nos han llegado muchos objetos con diamantes probablemente por el hecho de que este mineral se quema, lo cual induce a pensar que es posible que muchos diamantes engastados en joyas fueran destruidos por temperaturas demasiado elevadas, con ocasión de cremaciones o de incendios.

Durante muchos siglos el diamante se ha confundido con zafiros, esmeraldas y cuarzos; el primero en arrojar luz sobre la naturaleza del diamante fue Newton en 1675, pero sus suposiciones sobre el carácter combustible de la piedra sólo fueron comprobadas experimentalmente a fines del siglo. 

El físico francés Lavoisier estudió los fenómenos de la combustión a fines del

siglo XVIII, llegando a determinar la composición química del diamante (carbono puro), junto con Smithson Tennant, en 1797.

 


- DIAMANTES ANTIGUOS, GIGANTES Y MUY FAMOSOS - 

Son muchos los diamantes famosos por su peso, su belleza, las circunstancias de

su hallazgo y su historia. Uno de los más célebres es el diamante Cullinan, también conocido como Estrella del Sur; hallado en 1905 en Pretoria (Sudáfrica),

pesaba 3.106 quilates, o sea, más de 700 gramos. Fue regalado por Cullinan, presidente de la Sociedad Minera, al rey Eduardo VII de Inglaterra, que lo mandó tallar en 1906. De él se obtuvieron el Cullinan I, de 530 quilates, que es el brillante más grande del mundo, el Cullinan II, de 317 quilates, y otras ocho piedras esplendidas.

De otro diamante sudafricano el Excelsior, que pesaba 995 quilates en bruto, se obtuvieron diez brillantes y numerosas gemas menores.

Entre los otros gigantes sudafricanos recordamos el Jonker (726 quilates), 

el Jubileo (650 quilates), el Victoria (470 quilates), el De Beers (440 quilates),

el Imperial (428 quilates), el Iceberg y el Niarchos (ambos de 245 quilates),

el Red Cross (375 quilates), el Stewart (300 quilates) y la Estrella de Sudáfrica 

(84 quilates), el primer diamante hallado en ese país en 1869.

De los yacimientos indios, conocidos algunos siglos antes que los africanos, proceden el Gran Mogol (970 quilates), hallado a mediados del siglo XVII, el Pitt Regente y el Nizam, de unos 410 quilates; el Regente está considerado el más hermoso diamante existente. Fue comprado por el duque de Orleans en 1717, entrando a formar parte del tesoro de los reyes de Francia, y perteneció a María Antonieta; actualmente se conserva en el Museo de Louvre. Son también indios el Tavernier, que superaba los 200 quilates y cuyo paradero se ignora, y el Orlou (200 quilates), que adornó el cetro del zar de Rusia. Posee una historia azarosa el Koh-i-Noor (Montaña de Luz),

de unos 700 quilates, cuyo primer propietario fue un príncipe indio, Bamur;

antes de 1400 pasó de las manos del rajá de Malva al Gran Mogol, después

a Nadir Shan y posteriormente al Sha de Persia. 

Volviendo a la India, la piedra, que estaba tallada en rosa oval y pesaba alrededor de 190 quilates, en 1850, cayó en manos, como botín de guerra, de la compañía comercial anglo-india que trabajaba en Oriente. Fue un obsequio que la compañía

hizo a la reina Victoria, que lo envió a Amsterdam para ser tallado con el fin de exaltar su foco. Tras la talla, que requirió nada menos que 400 horas de trabajo, el Koh-i-Noor pesaba 108 quilates y era uno de los más hermosos. Se conserva en el Tesoro de la Corona británica, en la Torre de Londres.

Son también indios el Florentino (138 quilates), el Sha (89 quilates) y el diamante Hope. Este último es un esplendido diamante azul zafiro (cuyo nombre significa <<esperanza>>) que tiene fama de dar mala suerte a quien lo posee.

Fue robado durante la Revolución Francesa y tallado en brillante para hacerlo irreconocible; más tarde fue adquirido por el banquero británico H. T. Hope, que se deshizo de él como todos sus propietarios, arruinado y víctima de la mala suerte.

El último propietario, un americano, murió en el naufragio del Titanic.

hoy en día el diamante azul puede admirarse en la sala de diamantes y piedras preciosas de la Smithsonian Institution de Washington.

Los diamantes brasileños más famosos son el Presidente Vargas (más de 600 quilates en bruto), del que se obtuvieron 30 gemas, el Darcy Vargas (450 quilates),

el Coromandel (400 quilates en bruto) y la Estrella del Sur, la Estrella de Egipto y la Estrella de Minas, que, talladas, oscilan entre los 250 y los 180 quilates. 

Se dice que había otro diamante en bruto, el Goiás, que se perdió por error;

se cree que el fragmento de mayores dimensiones pesaba 100 quilates.

 

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